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¿Dónde están?

Por Alejandra Novoa Sandoval

Candidata a Diputada-  Distrito 14

Cada cuatro largos años; en las provincias de Talagante, el Maipo y Melipilla se eligen seis flamantes parlamentarios, quienes durante un periodo de tres meses de campaña están en cada feria, calle, centro cívico, sedes sociales y un largo etcétera de lugares en cada una de las catorce comunas.

¿Qué hicieron en este periodo de campaña? Prometieron. Prometieron un gran número de cosas: desde los anhelos más sentidos de las personas que habitan en cada provincia, hasta grandes proyectos y deseos de comunidades enteras.

¿Y qué pasó con esas promesas? Al parecer no mucho.

¿Qué pasó con las visitas en poco tiempo? Se espaciaron y, por qué no decirlo, en la gran mayoría de los casos se consumieron por el olvido.

Es entendible que un periodo de campaña es acotado, pero ¿y las promesas? ¿Dónde quedan las esperanzas de ver a nuestras comunas salir de la pobreza, del estancamiento, del desempleo, de la poca conectividad, del mal transporte? ¿Dónde están los deseos de miles, depositados en las urnas para ver concretadas iniciativas históricas como el Melitren, la construcción de hospitales o simplemente salir de una lista de espera para un examen complejo; o un tratamiento u operación que nunca llegó?

De eso las ciudadanas/os sabemos harto. Sabemos de las promesas rotas, de acercarse a las personas con fines electorales y después “no me contesta ni el WhatsApp”, “Mientras estaba en campaña me escribía a cada rato”, “vino varias veces, después: un largo silencio y luego nada…”

Hoy, me quiero detener en un aspecto que se transformó en la mayor preocupación de cada familia chilena este año, la SEGURIDAD, y cómo nuestros seis flamantes parlamentarios enfrentaron esta crisis social que tiene a nuestras comunas rurales sumidas en la inseguridad, el narcotráfico, los ajustes de cuentas, los portonazos, los asesinatos y un sinnúmero de eventos que hasta hace un par de años pensábamos que estaban circunscritos  a la ciudad, a “la capital”.

No hay que desmerecer el trabajo o los intentos de una labor legislativa en esta materia. Pero, me atrevería a decir que solo fueron eslóganes vacíos para captar un electorado. Si uno hace historia de Instagram, Facebook o “X” se pueden ver sin pudor mucho de lo que hoy hablo; esas promesas con las que captaron el voto popular y que a poco andar se fueron olvidando.

Hagamos un ejercicio, ¿sabe usted el nombre de sus seis parlamentarios?, ahora piense: en estos cuatro años ¿cuántas veces los ha visto en vivo?, ¿cuántas veces los vió en televisión o escuchó en la radio participando de la presentación de un proyecto de ley relacionado con la tan bullada hoy Seguridad? Imagino su respuesta, muy similar a la mía y de muchísimos de nuestros vecinos y vecinas.

¿Qué hacemos?: no elegir a gente que no nos representa. Dejar a un lado varias cosas: “No lo conocemos”, “no lo he escuchado pero es del partido que hoy me gusta”. “No lo conozco, no lo he visto en vivo pero es de la TV”, “no lo conozco a él (o ella) pero es de mi equipo de fútbol”, “no lo conozco pero es hijo, hermano, padre o madre del actual”. “No lo conozco, ¡Pero se llama igual!”.

Basta. No debiésemos votar en las próximas elecciones parlamentarias de noviembre con esos datos. Debiéramos buscar atributos que nos hagan sentido, que además nos generen la confianza necesaria para pensar en cambios reales: nuestros seis representantes deben ser personas a quienes podamos ver siempre en nuestra provincia, porque viven en el distrito, porque conocen cada uno de sus rincones, porque además han vivido en carne propia lo que es la mala conectividad, los tacos, la mala locomoción, los caminos a oscuras, los interminables caminos de tierra que en invierno son intransitables; porque han visto de cerca las pocas oportunidades laborales que hay para las mujeres y jóvenes, porque viven la falta de salas cuna jardines infantiles y la falta de centros de salud en cada una de las comunas rurales. Porque son como uno.

Podemos confiar. Debemos confiar. Pero en quienes han estado aquí gran parte de sus vidas. No por los vienen con lindas palabras desde la comodidad de las ciudades. No somos un botín, somos la ruralidad de la Región Metropolitana más viva que nunca. Somos esa hermosa ruralidad, hoy lamentablemente postergada e invadida por la inseguridad que, de todo corazón, espero no ver nunca más.